El cuaderno de Madrid en WordPress (Beta)

Diciembre 11, 2007 por José Carlos Morales

Como reza el título de esta entrada…

¡Hola, mundo!

Diciembre 10, 2007 por José Carlos Morales

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Días con Stan Getz

Octubre 15, 2007 por José Carlos Morales
No sé quién se acordará de Stan Getz, “The Sound”, ese saxofonista tenor que creció en el Bronx, que a los 19 años ya tocaba con Benny Goodman y que con el transcurrir del tiempo se convirtió en una referencia indiscutible del jazz, únicamente comparable con John Coltrane (aunque todas las comparaciones sean odiosas).

Discípulo atento de Lester Young, Dexter Gordon y Charlie Parker, Getz transitó por las big band y el cool jazz, pero sin ninguna duda su gran aportación fue el mestizaje musical. De Focus (1961), un disco más bien clásico donde un conjunto de cuerdas secunda al vibrante saxofón, a Jazz Samba (1962) y Getz/Gilberto (1963), el salto es abismal. Entre otras cosas porque al recurrir a la música brasileña, el bossa-nova adquiere carta de naturalización. En el imaginario musical del que sabe algo de jazz, piezas como “I’m late, I’m late” o “Night Rider” ocupan un pequeñísimo o nulo resquicio. En cambio, me atrevería a afirmar que más de una vez hemos tarareado “Desafinado” o “The Girl from Ipanema”, sin saber que esas piezas son una confabulación entre Getz y Charlie Byrd, Joao Gilberto, Antonio Carlos Jobim y la aterciopelada voz de Astrud Gilberto.

No sé quién se acordará de Stan Getz, no conozco a nadie más que lo haga. Así que con toda la molicie del mundo, con el entusiasmo que produce poseer un secreto como este, me detengo algunos momentos a escuchar las últimas grabaciones de “The Sound”. Me refiero, en particular, a The Final Concert Recording (Munich, 1990), un disco en el que se reúnen piezas prodigiosas como “Apasionado”, “On a Slow Boat to China”, “Espagnira (Española)” o “Coba”, y del que dejo aquí como muestra “Soul Eyes”.

“Soul Eyes”
Stan Getz (s), Kenny Barron (p), Alex Blake (b), Eddie del Barrio (d).
Munich Philharmonic Hall, 1990.

Yo también (hago como que) escribo aforismos

Septiembre 13, 2007 por José Carlos Morales


El periodismo es ese puente que une y separa al mismo tiempo lo efímero de la Historia.

(Lo pensé hoy por la mañana, mientras me untaba el champú en el cabello. Y lo recordé esta tarde en el metro, cuando venía a casa…)

Nota: ¡Visite la sección “Música para navegar”!

En busca del meollo…

Agosto 25, 2007 por José Carlos Morales
Lo escribió Rabelais….

¿Habéis visto a algunos perros que encuentran un hueso con médula? Es, como dice Platón (lib. II, De Rep.), la bestia más filosófica del mundo. Si le habéis visto, habréis podido notar con qué devoción lo contempla, con qué cuidado lo coge, con qué fervor lo tiene, con qué prudencia lo roe, con qué afecto lo rompe y con qué diligencia lo chupa. ¿Quién le induce a hacerlo así? ¿Cuál es la esperanza de su cuidado? ¿Qué bien pretende? Solamente un poco de meollo.

Bergson y el entusiasmo

Agosto 21, 2007 por José Carlos Morales
Hace ya algunos meses que dedico una parte importante de mi tiempo a indagar la naturaleza de todo aquello que motiva la risa y que cómodamente hemos etiquetado con palabras como “humor”, “ironía”, “cómico”, etcétera, sin tener la delicadeza de aclarar qué es lo que queremos decir exactamente cuando usamos cada una de esas palabras. En algunos casos, también me he dedicado a investigar cuál es su origen y qué es lo que significaban exactamente cuando surgieron (ya se sabe, en este tipo de cosas nunca está de más recordar que las palabras cambian de significado con el transcurso del tiempo, o que lentamente desplazan su contenido semántico de lo particular a lo general o viceversa).

En este viaje, que me ha llevado de Aristóteles a Pirandello, he hecho descubrimientos que no necesariamente están relacionados con el objetivo principal de la expedición. Uno de ellos, el más reciente, me lo proporcionó Henri Bergson, con el avistamiento de su Le rire. Essai sur la signification du comique, un librito publicado originalmente en 1900 y que en las Oeuvres del filósofo francés, en Les Presses Universitaires de France, ocupa poco más de 80 páginas.

Por paradójico que parezca, y aunque el objetivo principal de Bergson sea teorizar sobre lo cómico, el descubrimiento más deslumbrante de su lectura no me lo otorgó la aguda teoría sobre los motivos por los que reímos ni el objetivo que una sociedad determinada persigue con este acto. Casi al concluir la lectura del libro, lentamente, descubrí que además de ser todo lo anterior, Le rire es también un breve tratado sobre el arte, y que se revela únicamente después de haberlo leído. Se trata, quizá, de uno de los más intensos que hayan recorrido mis ojos y que desde ya ubico entre mis predilectos, al lado del Die geburt der tragödie, de Nietszche. La cercanía en que yo los coloco no es del todo casual, pues la materia es la misma, aunque vista como a través de un caleidoscopio. Así, si Nietszche se propone rastrear el origen de la tragedia griega, su evolución y además sus implicaciones, Bergson diserta sobre lo cómico como expresión dramática y además establece categorías que parecen ser aún completamente válidas en lo que al drama se refiere.

Y donde deseo detenerme, precisamente, es en la visionaria perspectiva que el filósofo francés tiene sobre el arte y el drama. Según él, el arte no es otra cosa que una manifestación, placentera, de todo aquello que todos los días pasa desapercibido para el individuo que no cuenta con el don de interpretación del artista. En este sentido, el artista es, por decirlo de alguna manera, un ser privilegiado, porque tiene un papel de intermediación entre la realidad y los seres humanos, porque les ayuda a comprenderla. Pero el drama (esto es, una de las tantas formas del arte) va más allá; con el drama no sólo hablamos de arte, sino también de revelación, de descubrimiento interior, de individualidad profundamente dramática, de visión. Sí, visión, revelación, descubrimiento, todo esto es el drama, y las fibras que toca son por completo las más profundas.

Ce que l’artiste a vu –escribe Bergson-, nous ne le reverrons pas, sans doute, du moins pas tout à fait de meme; mais s’il l’a vu pour tout de bon, l’effort qu’il a fait pour écarter le voile s’impose à notre imitation. Son oeuvre est un exemple qui nous sert de leçon. Et à l’efficacité de la leçon se mesure précisément la vérité de l’oeuvre. La vérité porte donc en elle une puissance de conviction, de conversion meme, qui est la marque à laquelle elle se reconnait. Plus grande est l’oeuvre et plus profonde la vérité entrevue, plus l’effet pourra s’en faire attendre, mais plus aussi cet effet tendra à devenir universel. L’universalité est donc ici dans l’effet produit, et non pas dans la cause.

Plus grande est l’oeuvre et plus profonde la vérité entrevue… Repito para mí mismo estas palabras y me doy cuenta que estoy de acuerdo. Entre más grande sea una obra, entre más profunda sea la revelación que realiza, mayor será su tendencia a hacerse universal… aunque tarde tiempo en hacer efecto…

Ignoro quiénes son los lectores actuales de Bergson, y tampoco sé si son estudiantes de filosofía (lo más probable) o simples paseantes, como yo. Supongo que alguno de esos lectores comprenderá que a Bergson le debo algunas palabras sabias que me recuerdan la importancia de ciertas manifestaciones artísticas, y que esas mismas palabras me devuelven el entusiasmo.

Las lagunas y el Libro

Agosto 10, 2007 por José Carlos Morales

Debo confesarlo porque el hecho me atenaza la garganta. Nunca he leído la Biblia. Quiero decir: a diferencia de lo que todos hemos hecho alguna vez con El Quijote, o La Ilíada, o el Ulysses, nunca he llegado a casa agotado del trabajo (en este país soy redactor de cierto material ínfimo cuando se puede y camarero los fines de semana) y me he dicho a mí mismo, mientras suena como música de fondo algún nocturno de Chopin o algo que se parezca, “voy a leer la Biblia de un tirón”. Y tampoco me he dicho, por lo menos, “veamos dónde me quedé… Mhhhhh”, mientras saco la lengua con parsimonia y busco con paciencia un separador o el clásico listoncito que suelen traer estos objetos que llamamos libros.

El motivo actual de esta gran laguna es explicable en parte: desde que estoy obsesionado con leer sólo obras completas no me queda demasiado tiempo para pensar en una lectura que comience con el Génesis y acabe con el Apocalipsis. Incluso suena a blasfemia, pero antes de abrir las páginas del Libro de libros me doy cuenta de que no hago como muchos de los escritores a los que admiro. Es decir, no leo un clásico, un contemporáneo y además no escribo. Así que si pongo en un lado de la balanza la lectura del libro paradigmático de la cultura occidental y del otro, pongamos por caso, Shakespeare, la literatura española y los periódicos que me interesan, al final sale ganando la última opción. Para tranquilidad del respetable, sin embargo, debo decir en mi favor que no soy tan superficial como parece. También tengo una deformación profesional. Consiste en no leer la Biblia mientras no caiga en mis manos una edición fundamental; una de esas ediciones que además de compulsar las mejores versiones y reunir a un grupo selecto de filólogos e historiadores, proporcione una bibliografía riquísima, actualizada y, si me apuran un poco, definitiva. Ignoro si existe en nuestro idioma algo parecido, pero hasta el momento no he tenido el agrado de encontrarlo.

Como sea, esta confesión no es del todo gratuita. Hace algunos días, en las paradisíacas playas gaditanas, me di cuenta de dos verdades como un monumento. La primera de ellas es que Harold Bloom (y muchos ensayistas de su calaña) quiso aprovecharse de mi candidez en relación con la Biblia -y con algunos otros autores-, para decirme en qué consiste la sabiduría. Lo único que logró fue recordarme que hay que leer la Biblia de primera mano, sin intermediarios como el propio Bloom. Lo segundo que aprendí (¿recordé?) es que la Biblia, debido a su trascendencia en Occidente, es un libro que constantemente estamos leyendo y releyendo, de atrás para adelante y viceversa. No importa quiénes escriban, o qué, o ubicado en qué momento. Si la teoría de la literatura es una paráfrasis de Aristóteles, podemos afirmar que muchos de los dramas del hombre, una vez que están en el libro, son a su vez una paráfrasis de la Biblia.

Es verdad, no he leído este libro íntegramente, pero cada vez que leo alguna otra cosa hay algo de él que llega a mis oídos. Ejemplos, sobran. Que cada quién ponga los suyos.

Un vistazo a los locutorios

Agosto 6, 2007 por José Carlos Morales
Leo en la sección “Domingo”, de El País, un reportaje de Fernando León de Aranoa que me deja gratamente impresionado. Y digo “reportaje” pero podría decir ensayo narrativo o nota lírico-periodística. El asunto es un fenómeno harto conocido en estos lugares: los locutorios, esos pequeños establecimientos, ubicados prácticamente en todas partes, donde la gente que lo desee puede realizar llamadas de larga distancia, usar internet e incluso realizar envíos de dinero. Como es de esperar, son espacios en los que confluye todo tipo de idiomas, pero sobre todo el español, el español con todos sus matices, con este o aquel acento; un español que se carga de emociones y que en esos momentos, sobre todos en esos momentos, sirve para comunicar. Vale la pena detenerse un instante y leerlo.

Por cierto, entre los cineastas españoles vigentes actualmente, Fernando León de Aranoa es una referencia inexcusable. Estarán de acuerdo conmigo quienes recuerden películas como Barrio (1998) o Los lunes al sol (2002), donde la mirada nada cándida de diversas realidades sociales no se encuentra reñida con la expresión de una profunda comprensión de lo humano. Esto mismo puede decirse también de sus otras dos obras, Familia (1966) y Princesas (2005), pero, en mi opinión, se trata de dos filmes imperfectos si se les compara con los anteriores. Pueden comprobarlo quienes aún no se hayan percatado de cosas como la unidad dramática, la coherencia argumental o la de los propios personajes. Como sea, peccata minuta. El cine de León de Aranoa es un cine necesario, el escaparate de los fantasmas de una sociedad que se incorpora al desarrollo. Ah, España, España.

Roberto Aymes Art Latin Jazz – Bésame mucho

Agosto 3, 2007 por José Carlos Morales

Una excelente noticia. El sello Jazzcat records y Roberto Aymes (bajista, compositor y conductor de un programa ya clásico sobre el jazz en Radio UNAM, en México) han decidido fortalecer su presencia en el panorama internacional. Y qué mejor espacio para hacerlo que Youtube. ¡Ah, Youtube, Youtube! Aquí, un clásico de Consuelo Velázquez.
Por lo que más quieran, no se pierdan “Candombe para Gardel” o la magnífica versión de “Summertime” (¡saborrr!), disponibles también en el menú.

Adiós a Fontanarrosa

Julio 27, 2007 por José Carlos Morales

En Proceso (1603), México…