Discípulo atento de Lester Young, Dexter Gordon y Charlie Parker, Getz transitó por las big band y el cool jazz, pero sin ninguna duda su gran aportación fue el mestizaje musical. De Focus (1961), un disco más bien clásico donde un conjunto de cuerdas secunda al vibrante saxofón, a Jazz Samba (1962) y Getz/Gilberto (1963), el salto es abismal. Entre otras cosas porque al recurrir a la música brasileña, el bossa-nova adquiere carta de naturalización. En el imaginario musical del que sabe algo de jazz, piezas como “I’m late, I’m late” o “Night Rider” ocupan un pequeñísimo o nulo resquicio. En cambio, me atrevería a afirmar que más de una vez hemos tarareado “Desafinado” o “The Girl from Ipanema”, sin saber que esas piezas son una confabulación entre Getz y Charlie Byrd, Joao Gilberto, Antonio Carlos Jobim y la aterciopelada voz de Astrud Gilberto.
No sé quién se acordará de Stan Getz, no conozco a nadie más que lo haga. Así que con toda la molicie del mundo, con el entusiasmo que produce poseer un secreto como este, me detengo algunos momentos a escuchar las últimas grabaciones de “The Sound”. Me refiero, en particular, a The Final Concert Recording (Munich, 1990), un disco en el que se reúnen piezas prodigiosas como “Apasionado”, “On a Slow Boat to China”, “Espagnira (Española)” o “Coba”, y del que dejo aquí como muestra “Soul Eyes”.
“Soul Eyes”
Stan Getz (s), Kenny Barron (p), Alex Blake (b), Eddie del Barrio (d).
Munich Philharmonic Hall, 1990.